Empezamos la Cuaresma, un tiempo para volver a Dios
¿Qué es la Cuaresma?
La Cuaresma es el tiempo litúrgico fuerte en el que los cristianos nos preparamos a celebrar el misterio pascual de nuestra salvación por la Resurrección de Cristo. Conoce la importancia de este Tiempo fuerte, su origen y desarrollo en la historia, así como los aspectos que hay que cuidar durante estos cuarenta días.
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Símbolos de la Cuaresma
Las cenizas: es el residuo de la combustión por el fuego de las cosas o de las personas. Este símbolo ya se emplea en la primera página de la Biblia cuando se nos cuenta que «Dios formó al hombre con polvo de la tierra» (Gen 2,7). Eso es lo que significa el nombre de Adán. Y se le recuerda enseguida que ése es precisamente su fin: «hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho» (Gn 3,19).
El desierto: geográficamente hablando, es un lugar despoblado, árido, solo, inhabitado, caracterizado por la escasez de vegetación y la falta de agua. Es el lugar donde transcurre el ayuno, considerado como desasimiento y soledad exterior e interior, para llevar, al que en él se interna, a la unión con Dios.
Los cuarenta días: la organización cuaresmal es un tiempo simbólico que hecha sus raíces en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Los cuarenta días de Moisés y de Elías o los cuarenta años del Pueblo elegido en el desierto no son referencias secundarias. La tradición judeo-cristiana ha visto en este número una determinada significación. Probablemente la idea más antigua sea la referencia a los años de desierto vistos como un tiempo asociado al castigo de Dios (cf. Nm 14,34; Gn 7,4. 12. 17; Ez 4,6; 29, 11-13).
El ayuno: junto con el desierto y la oración, el ayuno parece ser una de las mediaciones privilegiadas de todo tiempo penitencial, de revisión de vida y de búsqueda sincera de Dios. Por eso, como hemos visto al referirnos al desierto, generalmente van unidos. Todos los que se retiran al desierto para encontrarse con Dios, ayunan.
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Vivir la Cuaresma es…
Prepararse con el fin de caer en la cuenta del significado que encierra y celebrar, en la Pascua, el fruto y triunfo de la cruz: la Resurrección. Despojarse de la distancia que existe entre uno mismo y sus ideales cristianos: la coherencia. Ayunar de aquello que deleita aparentemente pero que nos deja enganchados en el débil placer: sacrificio. Dar, no tanto lo que nos resulta fácil, cuanto aquello que supone un esfuerzo: la caridad. Enviar mail abundantemente al Padre sabiendo que siempre da cumplida respuesta: oración
Andar por la Cuaresma es…
- Sentirse confiado con lo imprescindible, en un desierto de 40 días.
- Ojear la Palabra de Dios como el oasis más esperado.
- Valerse y ser uno mismo sin necesidad de adulteraciones ni hipocresías.
- Resistir a la tentación de abandono y de vender a Dios, que es todo, por la nada.
- Ser nómada buscando en las fuentes de agua fresca que produzcan satisfacción interna y recuperación de fuerzas por la reconciliación con uno mismo y con los demás.
- Acercarse a las fértiles orillas de la Palabra de Dios, de su Eucaristía y de la confesión.
Estar en la Cuaresma es…
- Hacer deporte en cristiano con el alma y el corazón.
- Caminar por las sendas del bien y sudar las toxinas de la mentira.
- Levantar y aguantar las pesas del prójimo.
- Correr hacia las metas que nos hacen sentirnos bien.
- Tomar, como avituallamiento, las pastillas de la oración y de la contemplación.
- Ejercitar la austeridad como disciplina de fe y hasta de salud para las calorías.
